GENESIS: The Knife

el

GENESIS

«The Knife»

GENESIS The Knife

(Ya puedes leer aquí el cuarto de los textos descartados que quedaron fuera en el último momento de POLITICAL WORLD. REBELDÍA DESDE LAS GUITARRAS. En este caso protagonizado por el grupo Genesis)

GENESIS

«The Knife»

Trespass

Charisma, 1970

Marcadas a nivel casi mundial por la Guerra Fría, las décadas de los sesenta y setenta del siglo pasado estuvieron plagadas de dictaduras. Desde la de los Coroneles en Grecia hasta la de Salazar en Portugal o la de Franco en España, pasando por casi todos los países latinoamericanos y la Europa tras el Telón de Acero, sin olvidarnos de los jemeres rojos en Birmania o de sátrapas africanos como Idi Amin o Bokassa, la realidad era un escenario internacional más que incierto. En no pocos países persisten hoy regímenes dictatoriales, pero la situación de aquellos años, en ese sentido, era globalmente más convulsa. De criticar y combatir artísticamente dicha realidad se ocuparon no pocos músicos, mayormente cantautores o grupos de marcadas tendencias políticas. Pero si un estilo no fue especialmente proclive al análisis político o la denuncia social, ese fue el rock progresivo. Centradas en su ideario sinfónico, las grandes bandas progresivas de la época basaban sus textos en relatos que iban de lo pastoral a lo futurista, de lo épico a lo mitológico, creando una imaginería tan reconocible como autista, ausente en cuanto a la realidad circundante.

Una de las pocas excepciones a esa regla no escrita es el tema que cierra Trespass, el segundo disco de Genesis. «The Knife» se diferenciaba no solo musicalmente de lo escrito por la banda hasta la fecha, incluyendo el resto del álbum, a través de un sonido mucho más contundente, sino que líricamente era también un punto y aparte. Peter Gabriel escribió una pequeña historia de revolución y violencia de la mano de un líder carismático al que nunca se nombra pero al que podemos poner distintos rostros (“Ahora, cuando yo dé la orden / Estad preparados para luchar por vuestra libertad”) para en principio combatir una situación de injusticia (“Levantaos y luchad / Pues sabéis que tenemos la razón / Debemos atacar las mentiras / Que han propagado por nuestras mentes como una enfermedad”), pero que no tarda en desembocar en un baño de sangre con el único propósito de arrebatar el poder a un déspota para, en su lugar, continuar ejerciendo similar tiranía (“Os daré los nombres de aquellos a los que debéis matar / Todos deben morir y con ellos sus hijos / Llevad sus cabezas al palacio de antaño / Colgadlas bien alto, dejad que se derrame la sangre”). Una historia tan vieja como la misma Humanidad. El propio Gabriel no deja dudas al respecto: “La letra de «The Knife» soy yo, en cierto modo, como alumno de una escuela privada, rebelándome contra mi propio origen. En el colegio leí un libro sobre Gandhi que me influyó muchísimo, y creo que esa fue en parte la razón de que me hiciera vegetariano, así como que empezara a creer en la no violencia como forma de protesta. Y quería intentar mostrar cómo todas las revoluciones violentas acaban ineludiblemente con un dictador en el poder”. La canción, de hecho, podría considerarse el punto cero en la trayectoria de Peter Gabriel como letrista comprometido, aunque no fue hasta años más tarde cuando, ya en solitario, su compromiso y activismo político fueron parejos a su labor como músico.

Pero aún tan lejana en el tiempo, «The Knife» sigue mostrándose rabiosamente actual. Primero, obviamente, por sus nulas referencias coyunturales (la acción no transcurre en ningún momento concreto, pudiendo situarse tanto en 1970 como uno, dos o diez siglos atrás), pero en especial por lo —tristemente— universal y atemporal del tema que critica. A día de hoy no nos pueden sonar extraños ni anacrónicos esos versos que hablan de líderes visionarios, revoluciones sangrientas y enfrentamientos armados para terminar, si es que terminan, igual o peor que se estaba al principio. Ese cuchillo que titula la canción es inherente al ser humano, y parecemos condenados a nunca poder dejar que se oxide en su vaina.

Eloy Pérez

 

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